Cuando el Teatro Nescafé de las Artes recibió el Premio de la Academia Chilena de Bellas Artes con la distinción del Premio Agustín Siré, el pasado abril, lo que realmente sucedió fue una gracia histórica que nunca antes había sido otorgada a un teatro. Lo cierto, es que se hizo un reconocimiento a una labor que no todos examinan a la primera mirada: ser protagonista del teatro-teatro.

A lo que va corrido del año, al cierre de esta edición, se suman 26 obras de teatro estrenadas, con una asistencia de varios miles de espectadores. Cada función tiene mil butacas a su disposición. Y eso no sucede, en rigor, en ningún teatro del país.

Es el mismo escenario que recibió -el pasado mes de julio- el galardón al Fomento y Desarrollo de la Música Chilena, en las personas de Alfredo Saint-Jean e Irene González, una de las distinciones más significativas de los Premios Pulsar. El mismo teatro de los teatros.

¿Cómo entonces? ¿En qué quedamos? ¿No era un teatro para conciertos y festivales de boleros y jazz? ¿De cantantes? ¿Del gran Roberto Bravo? ¿El mismo escenario que hace estrenos de ballet clásico con un conjunto estable? ¿No es ahí donde canta el Inti Illimani? ¿Cómo se explica tanta gallardía? ¿A qué hora duermen los protagonistas? ¿Cuántas actrices? ¿Cuántos actores? ¿Cuántos directores? ¿Cuántos dramaturgos? ¿Todas las anteriores?

¡Cómo entonces!

¡Cientos de teatristas! ¡Miles de espectadores!

Señoras y señores, se les ruega que apaguen sus celulares y se les recuerda que no se pueden sacar fotos con flash durante la función. 

Señoras y señores… ¡La función va a comenzar!

Teatros de Chile

Se apagan las luces y la magia se apodera de las tablas. La Negra Ester irrumpe con su gracia, con el sello indeleble de la historia teatral de los últimos tiempos. Se estrena una y otra vez, iniciando el año.

Todo se explica por la poesía que escribe un enamorado de los teatros: Alfredo Saint-Jean. El mismo que recorría más de una cincuentena de teatros en su juventud. El mismo que ha escrito –“Teatros de Chile”-, ya dos tomos, de la historia, los relatos y los datos de las Salas de Santiago y Valparaíso desde 1930 hasta nuestros días. El que ha apostado al sueño de llenar con luces la imaginación de los espectadores. El fundador del Nescafé de las Artes.

Entonces, la gente se pone de pie y aplaude por la obra “Solo nos queda cantar”. Y Saint-Jean explica ese afán de pensar que todo se puede alcanzar. El mismo que extendió la bandera en el Estadio Nacional en el primer día de la vuelta a la democracia, en un gesto de liberación al encarcelamiento que algunos quisieron perpetuar en el coliseo deportivo.

Sin embargo, pareciera que no lo vieran, no lo escucharan, donde la política de las culturas y las artes no están en la primera línea. Como si fuera pecado.

No obstante, la función continúa, se estrena “Una mujer llena de vicios”. Hay gente que vitorea las actuaciones. ¡Y, claro! Ver directamente el teatro del mundo es un privilegio. Se exhibe al viejo Vanya”,desde el National Theatre Live. Ahí mismo. En el mismo Teatro Nescafé de las Artes.

Y así comienza el año 2025, al igual que los anteriores, de obra en obra. Se estrena “La ciudad sin ti” y a reglón seguido la siguen “Las aristócratas”“No me deje hablando solo”“Rosalina y Romeo y Julieta”, “La Sole”. Todos aplauden el amor, el desamor, la vida arriba del escenario.

La explicación es sencilla para escribirla. Se dice en voz alta Irene González, su directora, maga que hace del teatro un continuo fantástico con talento, exigencia y dedicación. Abre su puerta para llevarnos al National Theatre Live, una y otra vez, para que tengamos en vivo y en directo el estreno mundial de “Frankenstein”. Y, no nos deja tranquilo hasta que nos morimos de la risa con “Tóxicas”.

Todo se entiende y se agradece cuando. en abril, trae de vuelta a “De cómo me convertí en Mistral” o “La madre”, distinguiéndolas para compartir programa con “Fleabag” con el National Theatre Live.

Todo pasando. El telón de terciopelo rojo se abre una y otra vez. Vuelve “La Sole” y “El socio” que nos recuerda la literatura chilena. Hasta que nos seduce con “Marlene”, en un musical sensual que nos revive el teatro del varieté. Vuelve “Tóxicas” a risa batiente y el “Present Laugther” en el National Theatre Live compite en reconocimiento a la histórica “La remolienda” de Alejandro Sieveking. Y en pleno invierno sale el sol con “Papelucho” y “Barón y Barahona”, donde “La Sole” no deja de salir a escena.

Y en estos días, se apodera el escenario con el teatro musical de los corazones rotos, en “Morir de amor”, en comparsa con “La incondicional”, para que calcen nuestras vidas con los zapatos de la ausencia y el contrapunto de los aromos en flor que desafían al invierno.

16 años de Teatro

La construcción de un proyecto artístico de la magnitud de las características del Teatro Nescafé de las Artes es un ejemplo del hacer privado en el sector. Es una apuesta de todos los días del año, que tiene achuntes y reveses. A veces se descubre y a veces se equivoca, pero la función debe continuar, como un mantra elegido solo para los visionarios.

Es una experiencia a tener en cuenta por los planes del próximo gobierno para las empresas medianas y pequeñas que se levantan en el mundo de la cultura y las artes, como las escuelas de teatro, circo y cine, las 400 salas de teatro en el país, las productoras, las corporaciones de escritores, las salas de exposiciones, las universidades públicas y privadas y tantas otras pymes.

El desarrollo de las fuerzas productivas en las industrias culturales es una necesaria inversión para el necesario crecimiento de la economía tan anhelado.

En el pasado 6 de agosto, el Teatro Nescafé de las Artes cumplió 16 años de vida con la construcción de una Comunidad de las Artes de 300 mil seguidores y es un referente obligatorio para apoyar en parte importante el sueño de una política para las Artes y el Patrimonio nacionales. Así como debiera ser también con los territorios que crean y difunden las artes; y los artistas que inventan y creen en el trabajo de la belleza. Todos esperan el apoyo e inversión del Estado.

El público aplaude a rabiar. Salen los teatristas a dar las gracias con reverencia mediante. Comienzan algunos a ponerse de pie. Otros los imitan.

¡Viva el teatro! Se escucha en la sala de la calle Manuel Montt.

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