El trabajo de Ales Villegas ha sido distinguido con el Diploma Image of Book 2025 por sus ilustraciones que acompañan y amplifican cada historia, invitando a observar, cuestionar y reinventar los espacios que habitamos. Su trazo, nutrido por su formación en diseño, arquitectura y artes visuales, convierte la arquitectura en una experiencia viva, cercana y profundamente imaginativa.

Hoy conversamos con ella sobre este proceso creativo que ha dado forma a un libro que no solo enseña, sino que inspira a mirar el mundo con otros ojos.

Ales, tus ilustraciones en Yo y la arquitectura complementan y enriquecen la narrativa. ¿Cómo abordaste la tarea de representar visualmente conceptos de arquitectura de forma clara y atractiva para los niños?

-Mi imaginario surge de una mezcla de intereses y vivencias que se han ido presentando en mi vida: mis estudios en diseño, arquitectura, luego mi título como artista visual mención escultura, sumados a mi maternidad. Ser madre cambió mi forma de mirar los espacios; me hizo pensar en cómo los niños aprenden el mundo a través de percibir con el cuerpo, la mirada y demás sentidos. Por eso en este libro la arquitectura aparece como algo vivo y accesible: edificios que funcionan como objetos, juguetes, legos gigantes o estructuras que puedes recorrer a otra escala. Quise que los niños se acercarán a la arquitectura desde el juego y la imaginación, no desde la racionalidad.

¿Cuál fue tu proceso creativo al imaginar los personajes y espacios del libro, y cómo te relacionaste con las historias de los arquitectos y artistas presentados?

-Este libro se construyó en coautoría real: mientras yo dibujaba, Vladimir -que es mi marido- escribía, y el texto también se ajustaba a partir de lo que aparecía en las imágenes. Mi proceso creativo siempre ha estado marcado por mis estudios y el hecho de ser madre, que me enseñó a observar el mundo desde la experiencia concreta de los niños: cómo tocan, cómo se mueven, qué les llama la atención.

Desde ahí imaginé personajes que no solo miran los edificios, sino que conviven y juegan con ellos. Niños -dónde incluso salen nuestros hijos interactuando con los edificios- y animales, como en el capítulo de los artistas, donde gato, ratón y perro recorren, se esconden o descansan en sus obras. Así este cruce entre dibujo y palabra, entre mirada arquitectónica y sensibilidad maternal, fue lo que le dió forma al libro.

La obra ha sido reconocida con el Diploma Image of Book 2025 por sus ilustraciones. ¿Qué significa para ti este reconocimiento y cómo crees que impacta en la lectura de los jóvenes?

El reconocimiento fue especial porque valida y reconoce un lenguaje visual que llevo años desarrollando, tanto entender que la ilustración para niños, implica comprender cómo sienten los espacios, cómo buscan seguridad y cómo la imaginación les ordena el mundo. Como también en la forma de ilustrar que utilizo, dónde más que mi pericia

técnica en el dibujo es mi trabajo con las ideas, y creación de atmósferas para producir las sensaciones deseadas. Este premio confirma que ese enfoque funciona y que la coautoría con Vladimir, que no es primera vez, siempre resulta algo rico y destacable.

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