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La épica de Pedro a Cristián: 85 años / Felipe de la Parra Vial / La Nueva Mirada

El próximo 22 de junio se van a cumplir 85 años de la fundación del Teatro Experimental de la Universidad de Chile. Un domingo, al inicio del invierno de 1941, en el Teatro Imperio, se estrenó “la obra La guardia cuidadosa, de Cervantes, y Ligazón, «esperpento» de Ramón del Valle Inclán. Estaba conformado por un grupo de estudiantes del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Su antecedente directo fue el Conjunto Artístico del Pedagógico (CADIP), creado y dirigido por Pedro de la Barra, cuyo primer estreno, el 1 de agosto de 1934, fue Estudiantina, de Edmundo de la Parra. En ese mismo año, 1941, la actriz española Margarita Xirgú visitó Chile por tercera vez. En su repertorio incluía obras como Yerma y La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. Estos montajes influyeron decididamente en los estudiantes del grupo CADIP, que contaba con una importante trayectoria teatral”, como relata la Memoria Chilena de la Biblioteca Nacional.

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El próximo 22 de junio se van a cumplir 85 años de la fundación del Teatro Experimental de la Universidad de Chile.

Un domingo, al inicio del invierno de 1941, en el Teatro Imperio, se estrenó “la obra La guardia cuidadosa, de Cervantes, y Ligazón, «esperpento» de Ramón del Valle Inclán. Estaba conformado por un grupo de estudiantes del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Su antecedente directo fue el Conjunto Artístico del Pedagógico (CADIP), creado y dirigido por Pedro de la Barra, cuyo primer estreno, el 1 de agosto de 1934, fue Estudiantina, de Edmundo de la Parra. En ese mismo año, 1941, la actriz española Margarita Xirgú visitó Chile por tercera vez. En su repertorio incluía obras como Yerma y La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. Estos montajes influyeron decididamente en los estudiantes del grupo CADIP, que contaba con una importante trayectoria teatral”, como relata la Memoria Chilena de la Biblioteca Nacional.

A todo pronóstico de mal agüero, de la noche más larga y oscura del año, una pléyade de locos lindos –como les gustaba decir a esos jóvenes entusiastas teatristas- fue un domingo luminoso para las artes chilenas. Luminoso, en el rigor de una de las mejores definiciones de la Caridad Humana, que se entienderacionalmente como la convicción ilustrada y la voluntad decidida de propender a que los hombres vean claros y cumplan con su destino. El dar.

Se fundaba el primer teatro universitario en Chile con las luces de la Celebración del Solsticio, marcando el inicio del año nuevo ancestral, el We Tripantu mapuche, y la llegada del invierno en el hemisferio sur. Chile entendía la política desde el Frente Popular y el presidente Pedro Aguirre Cerda sostenía la batalla más hermosa en defensa de la Cultura: la lucha en contra del analfabetismo, bajo la enseña de “Gobernar es Educar”. Días lejanos al 2 % de comprensión de lectura que nos acusan e interpelan los estudios internacionales para el país de nuestros días.

El Presidente de la República era el político más entusiasta de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

El Teatro Universitario se ponía pantalones largos, se profesionalizaba e iniciaba un cambio revolucionario en la concepción de la puesta en escena de los grandes autores del mundo y de la dramaturgia emergente chilena. Se fundaba la más alta mirada para crear una Escuela de Teatro con rigor universal en sus montajes, que tenía la tarea de formar un público para la maravillosa costumbre de “ir al teatro”.

En aquel entonces, se reunían en la calle Bulnes 20, aledaña a cuadra y media, donde se ubicaba el Pedagógico, en Cumming con la Alameda. El Maestro Pedro de la Barra ponía a disposición su pensión personal para afinar los ensayos preparativos para tan magna primera función.

Estos locos lindos tuvieron la virtud de pensar en grande. De soñar con los pies en la tierra, aunque temblara y hubiese terremotos en el vivir. Esa misma pulsión que entendieron desde el British Council e inventaron becas para los teatristas chilenos en la Academia del que sería el Royal National Theatre de Gran Bretaña. Una formación a los protagonistas del Experimental, que les permitió formar una generación privilegiada, de cerca aproximado de un centenar de profesionales y de educarse en el rigor de la dirección y la actuación al más alto nivel mundial.

Ese 22 de junio, Chile cambió. Un estallido cultural marcó a miles de protagonistas del hacer arriba de las tablas. Es un antes y después del teatro nacional. Es, sin duda, una de las fundaciones del Teatro Chileno.

Desde aquel entonces, la dicción, la voz hablada desde el susurro hasta el grito, fue un sello que vimos las generaciones posteriores en la Sala Antonio Varas, desde los cincuenta. Los consuetas pasaron a buen recaudo por la memoria adquirida, por la profesionalización de los actores. Esa disciplina rigurosa de actuar, iluminar, crear mundos, de crear verdades que cuestan imaginar que son un relato actuado, inventado; en el genio y en el talento de grandes directores, directoras, actrices, actores, grandes dramaturgas, dramaturgos; sorprendentes creativos diseñadores, escenógrafos, iluminadores, vestuaristas, maquilladoras, atentos funcionarios de sala.

Hasta hoy. Tantas y tantos que convierten la vida en un sueño y sueños son.

Hoy a Tablero Vuelto

El Teatro Nacional Chileno de la Universidad de Chile, heredero del Teatro Experimental, ha sido fiel a los mandatos construidos en las bases fundacionales. Ha logrado montar las más importantes obras del gran teatro del mundo y de la dramaturgia nacional en su historia. La Sala Antonio Varas se ha transformado en el mejor patrimonio de las artes escénicas del país, que ha mantenido su espíritu universitario al más alto nivel, transformándose en la mejor sala profesional del teatro chileno, sin convertirse en una sala de eventos.

En palabras del maestro Fernando Carrasco, Decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, recuerda el valor del teatro en el reencuentro “con la propia historia como Universidad y como Facultad; y nos conecta con aquel mandato universitario de promoción de las artes escénicas impulsado por Pedro de la Barra, que hoy encuentra continuidad en nuestro TNCH como centro de extensión de la Facultad de Artes”.

La historia inmediata, de los últimos seis años, ha estado marcada por el rescate y la continuidad de las claves del primer teatro universitario y nacional, en manos de su director Cristian Keim. Una continuidad virtuosa que se forjó desde el tiempo desafiante de la pandemia en el 2020, donde el internet fue una herramienta para transformar el cierre obligatorio en un espacio de encuentro con los clásicos y las grandes obras teatrales. A tablero vuelto.

Hoy, es el mismo teatro de siempre. El teatro que rescató la línea curatorial históricadonde la escena se hizo de todos, donde las grandes plumas de la dramaturgia mundial y de las propias, se apoderaron del escenario del Varas. A tablero vuelto.

Donde se impulsa el potente teatro emergente de los jóvenes en los festivales Germinar, cada dos años, y en él de las Facultades de la Universidad de Chile, como un guiño a los fundadores que lo imaginaron desde el Pedagógico. A tablero vuelto.

Hoy, la convocatoria al Concurso de Dramaturgia “Pedro de la Barra”, ha convocado a más de 200 obras de escritores y dramaturgos. Es un ejemplo de su liderazgo en la escena dramática nacional. A tablero vuelto.

Las últimas temporadas han brindado grandes estrenos en la cartelera con los clásicos del teatro mundial y nacional. El imaginario ha sido elaborado con la presencia de Romeo y Julieta, de Los Acreedores, de ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, de La Sala 13, de La Tempestad, de ¡Paren la Música!, de Razones para no morir y de la Cantata “La Población” de Víctor Jara, entre otros.  Grandes dramaturgos han vuelto, como en los viejos tiempos del Experimental. William Shakespeare, Jorge Díaz, Cristian Marambio, Samuel Beckett, August Strindberg, Edward Albee, Alejandro Sieveking, han revivido el teatro de la calle Morandé 25. A tablero vuelto.

Sin embargo, la función continúa en estos días con “Los Invasores” y el estallido social de Egon Wolf, que ha llenado, una a una, las presentaciones del drama chileno y del talento de su creador, merecedor del premio nacional. A tablero vuelto.

La Épica vigente

Los que construyeron los viejos fundadores con Pedro de la Barra a la cabeza y que lleva adelante Cristian Keim, en la actualidad, es que se reconoce como “el Teatro Necesario”.

El Teatro Necesario. Como la salud, la educación y la capacidad de descubrir la alegría.

Una épica que requiere de la emergencia del apoyo del Estado para recuperar un conjunto estable, como lo era incluso en dictadura. Como lo es en todos los teatros nacionales de todos los países del mundo. Que las butacas podrían renovarse. Son las mismas de 1958. Que las regiones –con bellos teatros municipales- vuelvan a tener la oportunidad de estrenos maravillosos, en una buena vieja costumbre de las presentaciones en la Feliz Provincia. Como era antes.

Hoy, el Teatro Nacional Chileno construye una épica con nombres apellidos. Con Claudio Martínez, Jorge Rodríguez, Christian Godoy, Claudia Figueroa, Leslie Contreras, Catarina Vásquez, Eric León, Alonso Morales, Fabiola González, Joaquín Riquelme, Hugo Hernández, Sebastián Chávez, Guillermo Cerón, Ronaldo Correa y Verónica Rojas. 

Entonces y ahora, en estos momentos, el público se pone de pie, aplauden al Teatro Nacional Chileno. A sus trabajadoras y trabajadores del arte. Se estrena La Guarda Cuidadosa. Se estrena Los Invasores. ¡Felices 85 años!

Todas y todos se llaman Pedro de la Barra. Todas y todos se llaman Cristián Keim.

¡Mierda, mierda!

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