Todos los días deberían ser 8 de marzo.
“Quién no se enamora / de una mujer que lee un libro / y levanta su mirada / dulce y sorprendida / a los ojos curiosos / descubiertos / desnudos / de un niño bandido / que espera / a la vuelta de la hoja / que le haga una seña / para correr hacia ella / y quedarse dormido / a sus pies / de reina encontrada”.
Podría ser perfectamente Paulina, aunque antes se llamara Claudia.
Podría ser Erika, la que organiza la marcha en la facultad. O Isella, que interpela a la vida y a la dictadura desde arriba del escenario, en el tablao francés.
Pensaba en la belleza y las fortalezas de las mujeres en un día como hoy, 8 de marzo. En nuestros años jóvenes.
Cualquiera de ellas podría ser una gran novia para el Pancho Zañartu, escritor y teatrista.
Azañartutados

En diciembre del 2024, en su segunda semana, Francisco Zañartú comenzó un periplo de dolores de cabeza, de fiebre y un mundo al revés. Una maldita bacteria lo puso de espalda a la suerte de un entubado que le permitiera respirar. Y así, el talentoso escritor –y columnista de La Nueva Mirada-, de la novela “Nadie se muere de dolor”, magnífico libretista de “Los Venegas”, se fue de tumbo en tumbo, escribiendo su mejor idea: la de vivir. Como lo había hecho en dictadura –conocido como “el Guatón”– cuando protagonizaba la icónica compañía teatral de jóvenes “La Teniente Bello”, con su amigo eterno, Gregory Cohen.
Entonces, como si fuera hoy, 8 de marzo, el Día Internacional de las Mujeres, Rebeca Violeta y Patricia, la Collyer, lo tomaron de un ala y lo llevaron al hospital en busca de auxilio, en busca del aire de la vida.
Así, las terribles Ucis amenazaron a la alegría de vivir. La noticia entre sus amigos se distribuyó rápidamente. Como si fuera “La Bicicleta”, la revista que nos ponía a cantar en los momentos más oscuros. Y ahí, las amigas y amigos, compañeras y compañeros poetas, cruzaron los dedos, rezaron, pidieron por la sanación de Zañartu, a la vieja usanza griega de conformar una cadena de energía, de divinidad humana, a través de las Moiras.
El egregor se organizó en un Whasapp para ir contando los días, luego los meses y ahora los años, como premios para partir el día, para cómo la vida se quedaba entre nosotros, salía victoriosa de hospitales, en el Salvador, en el Torax, en el Metropolitano, en la Salud Pública, con la bandera flameando de alegría.
En ese andar, nacieron las primeras novias. La Rebeca Violeta se hizo pasar por su primera prometida, de familiar directo en los Hospitales, para representar la compañía y ser la fuente de noticias para nuestras preguntas diarias de esos luctuosos diciembre, enero, febrero, marzo, de cómo amaneció el Pancho.
Así, la Patricia Collyer organizó la banda para que nada faltara y se instaurara la esperanza. Era la novia perfecta. Cosió la primera bandera de la patria de la amistad.
Por su parte, la Luna concertaba las visitas, en un destino mapuche de “merquante”, de juntar la luna con el sol en la mañana.
“sentados en dos sillas / en que jugábamos a recordar el próximo día / en que pasé a darte un beso a la medianoche / como si fuera el futuro de ayer”
Y así la palabra se dio la mano entre un centenar de amigos y amigas: “los azañartutados”.
Me las imaginaba a todas, novias. Desde ese entonces, todos los días son 8 de marzo.

Una cadena fraternal lideradas por las Licha, las María Eugenia, las Patricia Requena y la reciente Premio Municipal de Cuentos, Pía Barros, que reparte siempre sus corazones. Cada una no nos dejaban caer antes las elecciones perdidas y las soledades.
Tenía sentido que hoy fuera 8 de marzo.
Tanto así, que Münster de Alemania y sus valles se vinieron a vivir a Santiago, a la vuelta de la esquina de los hospitales y de la casa donde ahora vive el Pancho Zañartu. Por gracia, por cierto, de la contadora de noticias diarias, la Isabel Lipthay, que canta, inventa el invierno nevado en la capital de los 30 grados, con pájaros, flores, para un jardín de todos, para la imaginación del recién vuelto. Siempre ha sido una novia soñada.
“te acuerdas cuando me equivoqué de mar / de esa noche que nacimos de río / donde naufragamos de piernas / del caudal cordillerano de puñales y labios” …
Así hasta hoy, 8 de marzo, de fiesta de igualdad y derechos para las mujeres, la poesía y la vida.
Una cadena fraternal de una arpillera de bellas novias como la Viviana Teuche, la Aglae, la Anamaría, la Ana María Silva, la Blanca, la C, la Lilian, la Carmen Gloria, la Catiruizs, la Consuelo, la Edy, la Elizabeth,la Erg, la Gladys, la Isabel Serrano, la Lilian, la Mimí, la Mariechen, la Nené, la Pao, la Paz, la Sonia, la Teresa, la Vero Waissbluth, la Verónica, la Viviana D y la misteriosa e inombrable con celular que termina en 166.
“te acuerdas cuando me equivoqué de mar / de esa noche que nacimos de río / donde naufragamos de piernas / del caudal cordillerano de puñales y labios” ...
Era un día como hoy, como cuando un mar de mujeres marchaban por la Alameda y al final del día nunca se escondía el sol. Nunca llovía. Siempre es 8 de Marzo.
Y pensé que era la oportunidad de saludar a las novias solidarias, de elegir versos para hacerles un homenaje como las Novias de Pancho Zañartu, con “La Reina” y con un “Te almo de toda la vida”.

Desde diciembre del 2024 hasta hoy, como si el calendario tuviera un solo día, feriado, domingo: 8 de marzo. En una marcha solidaria encabezada por mujeres mágicas, donde la cueca es mujer.
Estábamos sentados en dos sillas / afuera de la casa / como si el futuro hubiera sido todo el tiempo / donde nos amamos hasta encontrar el alma.














