A través de 67 poemas organizados en cinco secciones, Palma construye un registro poético que dialoga con lo pericial, lo forense y lo testimonial. Su escritura se nutre incluso de archivos judiciales y fragmentos de testimonios, tensionando los límites entre literatura y documento. Como ella misma plantea, la poesía emerge aquí como un “gesto” frente a la violencia: una forma de volver a nombrar a Yoshua Osorio, Julián Pérez, Andrés Ponce, Luis Salas y Manuel Muga, y de reinscribir sus muertes en la memoria colectiva.

Periodista, magíster en Comunicación Política y autora de crónica y narrativa, Palma encuentra en este su primer libro de poesía un lenguaje capaz de abordar lo que, durante años, resultó imposible de decir. Kayser no ofrece respuestas cerradas, pero insiste en la necesidad de sostener la pregunta por la justicia —aun cuando esta parezca lejana— y en el poder de la palabra para acompañar, recordar y resistir frente al silencio.

-El libro tiene un registro poético cercano a lo pericial. ¿Cómo se construye una poesía que dialogue con lo forense, lo judicial y lo testimonial?

-Ese gesto se posibilita, en primer lugar, porque uno de los ejes es el cuerpo; en este caso, el cuerpo quemado que desde tal condición es abordado por lo jurídico, por la institucionalidad. La condición material lo propicia desde lo pericial, lo forense y lo judicial, que desde esa triada construye una versión. Este último elemento, lo testimonial igual puede ser parte de esa ecuación pero también puede ser punto de fuga de esa versión, buscar otra.

En ese caso, acudí a parte de los archivos del proceso judicial, que incluía algunos testimonios, muy pocos, breves, de los familiares. Usé todos estos elementos para la elaboración de los poemas. Están presentes en los textos.

-¿Qué puede hacer la poesía frente a un caso que sigue impune y lleno de vacíos oficiales?

-Es difícil responder en grande, en concreto. Creo que puede ser, en primer lugar, un gesto, un abrazo desde las palabras a los familiares de las cinco personas encontradas en la bodega de Kayser, así como la oportunidad para volver a poner en un círculo de lectura, de personas interesadas por la poesía, el tema nuevamente sobre la mesa. Lo que me parece destacable es la posibilidad de que personas que no están tan próximas ni interesadas a los libros, puedan, por azar, llegar a él y recordar lo que pasó, y en el caso de quienes no sabían, conocer la historias. En cualquier caso, será siempre un gesto político que alguien pronuncie, lea en su mente o en voz alta los cinco nombres de Yoshua Osorio, Julián Pérez. Manuel Muga, Luis Salas y Andrés Ponce.

-El título de uno de los capítulos es “justicia”. ¿Cómo se escribe sobre la justicia cuando esta no llega?

-Se escribe como horizonte, como posibilidad. Por más distante que esté, se puede escribir como ello. Y desde el abrazo que refería antes a los familiares, ayudar, acompañar en la lucha que están llevando ellas y ellos en este objetivo de justicia, tan difícil y esquiva en Chile.

-El libro tomó más de cuatro años en escribirse y contó con una Beca de Creación Literaria del MINCAP. ¿Cómo fue ese proceso largo de escritura  revisión?

-La escritura fue larga y lenta por el suceso que aborda y por las condiciones materiales que tengo para escribir. No he podido hasta ahora dedicarme de manera exclusiva a la escritura. Se da más bien cuando el tiempo lo permite, cuando se puede. En el caso de este libro, además, necesité esperar un tiempo. El suceso abordado es terrible, violento, fuerte. No fui capaz de considerar escribir nada respecto a lo que experimentamos durante la revuelta social. Luego, cuando me interesé en abordar el caso Kayser, tampoco fue posible ingresar a lo escrito. Fue luego, un par de años después, tras ver un reportaje de la periodista Alejandra Matus, que pude ingresar y desde la poesía. Ella ya había hecho una completa y documentada investigación. Opté por lo poético más instintivamente. También, para poder entrar en dimensiones más sutiles y especulativas que el periodismo no puede.

-¿Hubo poemas que costaron especialmente terminar o que te resististe a escribir?

-Pensar en el cuerpo quemado fue difícil. Como narrar esa condición.

-Cómo estuvo la presentación del libro junto a Roxana Miranda Rupailaf y Kutral Vargas Huaiquimilla. ¿Qué significa para ti compartir este espacio con ellas?

-Ambas creadoras de la palabra y el cuerpo son personas que admiro mucho. Roxana es una de mis maestras desde la poesía y Kutral es una aguda lectora y escritora. Fue un honor compartir con ellas este lanzamiento del libro, que además se desarrolló en Valdivia, en región, en un contexto extra metropolitano.

Ambas hicieron unos textos muy potentes sobre el libro y sus dimensiones. Ver qué puede encontrar otra persona en un libro es un misterio que no llegamos a saber la mayoría de las veces. Que ellas lo hayan escrito y compartido en este lanzamiento fue conmovedor. Espero que podamos publicar ambas lecturas.

-¿Cómo ha sido la recepción del libro por parte de lectores y lectoras?

-Ha sido de lecturas atentas, críticas y afectivas. La circulación de los libros de poesías es más acotada, más si se trata de estos temas. Circuló por la Furia del libro, la FILVA y en librerías. Salieron algunas reseñas y recibí la ayuda de mis amigas periodistas que enviaron la información a los medios. Eso ya es mucho para un libro de poesía política/documental.

Ahora viene el tiempo y sus lecturas. Una nunca sabe hasta dónde puede llegar un libro.

-¿Cuáles son tus planes literarios para este 2026?

-Actualmente me encuentro desarrollando la Residencia Literaria Finestres en la Costa Brava de Cataluña, muy agradecida de la oportunidad de estar en un espacio dedicado y concentrado en la escritura. De acá, de esta experiencia, estoy iniciando un juego literario con los libros de la biblioteca del lugar. Estoy revisando un corpus de cuentos para publicar en cuanto tenga oportunidad. Avanzo también en una novela que creo que me tomará un tiempo y estoy revisando, escribiendo y editando aún un nuevo poemario. Sigo haciendo entrevistas a otros autores, especialmente a escritoras. Siempre tengo mucha curiosidad de lo que se está publicando. Me gusta estar enterada y ayudar a difundir los proyectos literarios. Sé el valor y el trabajo que implican. Finalmente, además, soy yo la que aprende tanto desde el periodismo.

 

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