Trinidad González Jansana es una de las grandes actrices, de primera línea, que ha generado el teatro chileno este último tiempo. Su talento en la construcción de personajes y en la proyección de la palabra creída, han hecho que las obras donde ha participado, se ubiquen en la primera línea del reconocimiento de sus pares y de la crítica especializada. Y, principalmente, en el público, que la abraza siempre con aplausos y ovaciones generosas. El registro de “Neva”, “¿Quién le tiene miedo a Virginia Woolf?, “Navegando el Neva”, se inscriben en el podio de las puestas en escena local de este último tiempo. Su actuación ha sido notable.

En estos días, González Jansana ha demostrado que se empina a la cúspide de la dramaturgia, escribiendo y dirigiendo la obra “La Reunión”, con un selecto elenco de actrices y actores egresados del Departamento de Teatro de la Universidad de Chile, que se exhibe en el Teatro Nacional Chileno, de jueves a sábado hasta el 26 de julio. Escritura y dirección activa, que al parecer, viene de larga data en su modestia de silencio.

“La Reunión” es una pieza teatral de  gran magnitud. De talento y creatividad. De insolencia a la razón estrecha. De transitar río arriba en contra de la corriente. De carácter  y estatura. De romper las reglas del juego del teatro isabelino hasta el montaje decimonónico. Y por cierto, de ubicarse en las primeras líneas de la avanzada teatral del siglo XX y hasta hoy. Sin sobreactuarse.

De volvernos a los principios de la enseñanza iniciática en Occidente, de una a una de las leyes del drama griego, con la utilización de referencia del Coro arriba del escenario y con el dolor en las dos dimensiones que fueron estudiadas por pensadores de la antigua Grecia, como Aristóteles, que  definía el dolor físico como una sensación displacentera.

De crear el futuro desde la raíz. Desde el mismo drama originario donde siempre mueren muchos, culpables e inocentes, y el público asistente ejerce la catársis como enseñanza reparadora.

Entonces, La Reunión de la Reina Isabel y de Cristóbal Colón es un juicio al abuso y a los horrores en las tierras encontradas, invadidas por los usurpadores hispanos en suelo americano. Y ahí González Jansana mete la cola y sube al escenario 9 reinas isabeles y 4 cristóbales colones. Nueve que interrogan y Cuatro que se defienden. Trece son actrices y actores en el escenario, en roles femeninos y masculinos indistintamente, donde todos y todas son reinas y todos son invasores.  Donde la aritmética solo sabe sumar y multiplicar por trece la trama. Donde la lógica isabelina tiene muchas voces, muchos dolores, muchos silencios. Donde la defensa del encontrador de América se multiplica en desesperación y argumentos de sed invasora.

Donde la interrogación a la invasión no cede. Donde la nobleza agacha la cabeza y deja que la ternura quede, la mayor de las veces, arrinconada. Aunque la arrogancia europea crea que es infalible. Aunque la voz del chamanismo cruce la escena, por instantes.

Entonces, el teatro-teatro se hace colectivo, donde todos son protagonistas, donde todos rompen las reglas en beneficio de lo principal, de subir a la humanidad arriba del escenario. Donde todas  y todos son actores secundarios. Donde todas y todos son actores y actrices principales. Como se enseñaba desde los primeros días en la Escuela de  Teatro de la Universidad de Chile y en los montajes del Teatro Experimental.

Así la historia contada por Trinidad González Jansana no deja indiferente a nadie. Su voz teatral pregunta muchas veces y la suerte del aire –donde debieran habitar las respuestas- es incierta ante la interpelación teatral. Su hilo poético cruza el castellano de manera notable.

Cada una, cada uno de los intérpretes, construyen sus personajes con igual empeño y aptitud memorables. En intensidad y mesura. En decir con el rigor de la palabra. En crear una lógica que trasgrede la ramplonería escenaria del teatro corriente. Eso se agradece y se valora.

La actuación de los 13 protagonistas es parte trascendente en el argumento (y credibilidad mediante) para responder ante la historia enjuiciada, puesta en el patíbulo y en el desenlace final. Los actores y actrices jóvenes construyen sus personajes con una experiencia confiable, que les permite ser buenos o malos, mujeres o hombres.

En el escenario abierto de par en par se levantan construcciones que simulan las catedrales y castillos  en la nobleza de la madera desnuda, que vindican el tiempo de reyes y el tiempo de hoy. Igual resultado brinda el vestuario y el maquillaje de manera atemporal, donde las coronas son un guiño a la plata mineral. El Reino de Isabel podría ser perfecto en el Reino de Puente Alto, con sobriedad y gracia.

Inevitable pienso en la poesía de Gabriela Mistral... “Todas íbamos a ser reinas, / y de verídico reinar;/ pero ninguna ha sido reina /ni en Arauco ni en Copán…

“La Reunión, obra escrita y dirigida por Trinidad González Jansana y actuada por 13 actrices y actores, representa la vigencia de la buena salud del arte dramático chileno en la actualidad. Especialmente, por la evidente rigurosidad de la puesta en escena y  por la inteligencia de su texto,  que hablan de la excelencia heredada por los viejos dramaturgos y comediantes del originario Teatro Experimental.

En el lugar común se debiera decir que es una obra “imperdible”. Cierto, puede ser.

A mi me gusta decir: “Necesaria”.

Felipe De la Parra Vial

 

FICHA ARTÍSTICA

Dirección y Dramaturgia: Trinidad González Jansana.
Asistencia de dirección: Yohali Nicolas Collet
Diseño integral: Anette C. Tamayo, Constanza Vallejos.
Música: Felipe Martínez, Danae Smith y Josefina Coloma Riveros.
Fotografía afiche: Francisca Devivo Q.
Elenco: Amanda Rogers Gálvez, Amaro Aróstica Montecino, Ariana Beltrán Torres, Bárbara Vásquez Guajardo, Camila Peña Delgado, Catalina Caro Aros, Danae Smith Pérez, Fabián Fuentes Álvarez, Ignacia Gutiérrez Alarcón, Javier Lorca Fernández, Josefina Coloma Riveros, María Constanza Bascuñán, María Jesús Miranda V.

Fotografías Estreno: Karla Carrasco.

 

 

 

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