“Los amantes y los ojos”, obra teatral de Juan Vera, es un testimonio de vida para mucha gente que vivió la dictadura y que, de alguna manera, la vive hasta hoy en los ecos que reverberan en sus historias truncadas por el destino. Pequeñas historias de grandes amores que se quedaron en el camino. Perdidas y que vuelven a preguntar dónde estabas.
El icónico Teatro El Riel pone en escena una historia de amor incompleto que sucede en el barrio, en la población, de los amantes que soñaron y quedaron abandonados por los exilios del destino. De las novias del barrio, de los novios que viven en un país lejano.
“¡Qué pena sienta el alma / cuando la suerte impía / se opone a los deseos / que anhela el corazón!” canta Violeta Parra en voz calzada a lo que sucede en el escenario de la obra.
La puesta en escena del Teatro El Riel, dirigida por el talentoso dramaturgo Faiz Mashini Parada, apuesta por construir una historia íntima, sostenida en la vieja escuela del buen teatro, del teatro de la palabra bien dicha. Y eso, se reconoce en el sentimiento y verdad que no deja indiferente a la audiencia.
Levantada en un escenario cercano, entrañable, los espectadores viven a flor de piel cada uno de los momentos del encuentro-desencuentro de los amantes que fueron y son. Y que son y fueron.
“¡Qué amargas son las horas / de la existencia mía / sin olvidar tus ojos, / sin escuchar tu voz!” recuerda la chillaneja, como si fuera una historia suya.
Ramona y Joel, los protagonistas de la obra “Los amantes y los ojos” , persisten en la mirada. La bajan. Se ilumina a ratos y al final, se pierde en el infinito de las sombras. Hay una ventana que registra la memoria de un amor, donde a pesar de la sequía de las distancias, las flores se animan a colorear la casa y la vida. Así lo expresan los protagonistas sin sobreactuarse. Al contrario, la verdad teatral de la talentosa actriz Elivera Maripangui es admirable, como la es también del retornado –perdido- amante, interpretado con excelencia por Alberto Sánchez.

La presencia de la gran actriz Ana María López, -que aparece y desaparece-en un rol de la voz del autor Juan Vera, ausente-presente, permite emocionar a quienes los admiramos desde los 80 en la propuesta de hacer teatro con el pueblo, eso a que llaman hoy, la gente.
“Pero me embarga a veces / la sombra de la duda / que por mi mente pasa / como fatal visión” , insiste la Violeta como si estuviera sentada junto a mi, viendo la obra.
La escenografía está inspirada en el diseño Corvi de los setenta, basado en proyecto Synco, con muebles de colores primarios, de belleza moderna que se reconoce hasta hoy. El toque minimalista de Marcela Schulzt y de Maru Shultz le dan un toque interesante.
La interpretación musical de Pablo Tapia, con la composición musical de Joaquín Kaulen, más el diseño de iluminación y técnica de Miguel Aleuy, cumplen con el encantamiento de hacer que los espectadores se integren a la cercanía de la historia. Y eso, se agradece.
El texto de la obra de Vera es de buena pluma y de referencia poética, que deja afuera los prejuicios que algunos insisten en encerrarlo en un teatro contingente, como si fuera pecado. Su propuesta tiene la belleza y la ternura del amor, ese que pide la estrella del cielo y que no está dispuesto a que se apague a pesar de los años separados.
El diálogo de Ramona y Joel retrata lo señalado:
RAMONA.- No quiero más esto. No quiero más este hastío. He visto sufrir muchos pájaros, llorar niños… morir árboles… y no lo quiero más. (Pausa) No sé por qué te lo digo ahora… pero amo tus ojos. Ojitos de mar… en medio de todo… todo este vecindario… (grita) ¡Salgan! ¡Vecina… vecino… salgan…!
(Silencio. Solo se escucha a las motocicletas que se detienen)
JOEL.- Ramona… antes pensé pedirte perdón escribiéndolo en la muralla del frente. Y… ahora… quisiera escribir los nombres en los que nunca más llegaron a esta ventana…
RAMONA.- Estamos a una boca… a una sola boca del amor…
JOEL.- …a una sola boca…
RAMONA.- A una boca.
“¡Qué pena sienta el alma / cuando la suerte impía / se opone a los deseos / que anhela el corazón!”, canta Violeta Parra su reconocida canción. Como si su canción la hubiera compuesto para este amor-desamor. No pude evitar mencionarla en el recuerdo de las pasiones rotas.
Por su parte, Ramona devela el sentimiento que recorre la obra: “El amor es duro en todos los tiempos. El mío corre por entre las llamas y el tuyo está guardado en alguna biblioteca de Estocolmo”.

UN VIAJE DE 45 AÑOS
La Compañía Teatral El Riel cumple por estos días 45 años, en una épica que los retrata en la escena del teatro comprometido con los sectores populares. Es una agrupación chilena fundada en 1981 por el dramaturgo Juan Vera, en la sede de la Federación Ferroviaria Santiago Watt, destacándose por su labor en espacios no convencionales y su resistencia cultural. Su vigencia hasta el día de hoy, –refrendadas por los talentos de Ana María López y Marcela Schultz, entre otras protagonistas históricas- marca a las nuevas generaciones (como los protagonistas de la obra comentada) que sienten el arte dramático como un espacio de creación y comunidad. El hacer del Teatro El Riel, de toda una vida, ha sido el llevar el drama a las organizaciones sociales, a los sindicatos, a las juntas de vecinos, entre otros.
De hecho, la obra comentada, “Los amantes y los ojos”, se podrá ver en los próximos días en el Teatro Comunitario Novedades, Cueto 257, el 7 de agosto 19:30 horas. El 14 de agosto, a las 19:30 horas, en el Sindicato de los Trabajadores de la Construcción en Serrano 444, en el centro de Santiago y, a fin de mes , el 28 de agosto, a las 18:30 horas en el Circuito Itinerante del Teatro y las Artes, CITA.
Fotografías: Lorenzo Mella, Fototeatro.














