En un concierto hace años atrás en Chile, dijiste que, tal como le pasaba a Violeta, a ti tampoco te gustaba la unanimidad. ¿Qué tan importante es que exista el espacio para la diferencia?
-Es absolutamente vital, en todo, desde la abolición siempre tan necesaria, y cada vez menos cercana, del racismo a la xenofobia, hasta estos gritos fascistas que se están oyendo últimamente, de primero los franceses o primero los americanos, o primero su puta madre… hasta otras cosas, la mayoría de los cantantes de mi querido oficio se niegan a siempre a hablar de política cuando les preguntan, porque dicen “yo me debo a todo el público” por favor, hay que participar, hay que opinar y no hay que tenerle miedo a las cosas.
A diferencia de Dylan, porque dijiste en una conferencia de prensa que no quisieras compartir con él…
-Es que tengo la impresión que no es muy buena persona (risas). Lo admiro por sobre todas las cosas, pero yo no soy de ese tipo de cholulos que se tiran en los brazos de sus ídolos. Tengo más que suficientes con sus discos, no tengo ninguna necesidad de conocerlo.
En cuanto a la política, mencionabas hace un momento la importancia de manifestarse de tener una opinión, de participar. Pero con lo que ocurre hoy en el mundo, ¿Te sientes decepcionado de la política?
-¡Cómo no! Existía lo que se llamaba el sueño americano, que este (Donald Trump) se la está cargando de una manera atroz, pero también existía el gran sueño ilustrado, a partir de la Revolución Francesa, de Libertad, Igualdad, Fraternidad, y a partir de la segunda guerra mundial, todo lo que creo en Europa la social democracia, un estado de bienestar, unas clases medias muy amplias y muy cultivadas, no había las desigualdades sociales tan tremendas como estamos viendo en los últimos 20 años con el liberalismo rampante, y eso se lo están cargando absolutamente los populismos de izquierda y de derecha, y por no hablar de la masacre, la tragedia y del horror de lo que se está pasando en el mediterráneo con los inmigrantes, que para eso es que no tengo palabras, me hierve la sangre. España no ha recibido más que catorce, en el ayuntamiento de Madrid hay una pancarta que dice “Welcome Refugees”, y no han aceptado a ni uno todavía. Lo de Francia por lo menos ha sido un alivio, no es que yo salte de entusiasmo con Macron, pero que alivio.














