El libro “Cuentos y Fábulas para Nachuska, escrito por el poeta y escritor Reinaldo Mendoza Videla, es una sorpresa respecto de su trayectoria previa, que va desde sus poemas amorosos a la dureza de sus relatos testimoniales.  Es una sorpresa de amor y ternura convocadas por su nieta.  Ella es la interlocutora de los cuentos y fábulas.  La que motiva, escucha, pregunta, comenta, propone.  Ese amor y ternura se deslizan por las páginas del libro, para las niñas y niños, para los padres, abuelos que quieran compartir el placer y bendición de la lectura con sus hijas e hijos, nietas y nietos.  ¿Qué mejor herencia se puede dejar que la apertura de la puerta y la llave del conocimiento, la fantasía, los sueños, la historia y tantos otros, que pueden llegar a nosotros con solo hojear un libro o deslizar nuestros dedos por una pantalla digital?  No importa el medio.  La magia está ahí, en la punta de nuestros dedos.

¿No es mágico acaso que con solo leer unas líneas garabateadas nos podamos transportar al mundo de Narnia?  ¿O al de Alicia en el País de las Maravillas? ¿O al de la escuela de magos de Harry Potter?  ¿O a Italia o a China, viajando de la mano de Edmundo de Amicis o Pearl Buck? ¿Retroceder o avanzar en el tiempo?  ¿Visitar otros planetas?  Y no nos hemos movido del lugar donde estábamos.  Gracias a este libro conoceremos la historia de las ballenas Jorobina y Bina, y viajaremos a la luna para observar nuestro planeta con perspectiva, encaramados en un delfín, y también iremos a la Antártica a conocer a un pingüinito emperador y, en fin, a culturas ancestrales que pocos conocen.  Hemos dado por sentada esa magia.  Del lenguaje oral y del escrito y de su magia.

Los cuentos, además de con amor y ternura, fueron escritos con una mirada de futuro esperanzador:  el mundo en el que deberán vivir las próximas generaciones.  Para un niño o niña es natural vivir en el estado del goce de su entorno y de sus pequeñas y grandes maravillas, descubriendo el valor de la vida (toda vida) y la belleza.  Contribuyamos para que esta característica de la infancia no se pierda, para que la vida y la belleza sobrevivan en sus ojos y su mente y, ojalá, nunca se esfumen.

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