No hablamos solo de tecnología, sino de un cambio en el «software del ser», un nuevo entorno en el que el paradigma comunicacional ha  mutado: múltiples emisores, con múltiples mensajes multimodales, multimediales y múltiples receptores. Siguiendo la huella de Humberto Maturana, el lengüajear hoy es mucho más que hablar; es una relacionalidad digital donde el impacto se potencia mediante la viralización y el contagio instantáneo. Una red multidireccional y global, donde quien domina las plataformas tiene la capacidad de contagiar/viralizar sus mensajes y el poder de configurar la realidad, la percepción y los valores de millones de personas.

Sostengo que la crisis que hoy atraviesan nuestras instituciones es, en su esencia, una crisis de ética y de lengüaje. Nuestras estructuras tradicionales —lineales, jerárquicas y racionales— son incapaces de procesar la complejidad de este mundo digital. Estamos ante una «crisis de límites» donde lo ético y lo cultural muta desde los límites a bordes opacos y superficiales. Chile tiene una riqueza intelectual única para entender esto: dos premios Nobel de literatura, la biología cultural, la ontología del lengüaje, la PNL, el coaching ontológico, la sicoterapia integrativa y el eneagrama de la personalidad. Estos enfoques filosóficos nos enseñan que el lengüaje no describe la realidad, sino que la crea.

Mi propuesta de una Ontología Digital bebe de cumbres fundamentales, pensadores como Francisco Varela, Humberto Maturana, Fernando Flores, Claudio Naranjo, Rafael Echeverría y Alejandro Jodorowsky. Maturana nos enseñó que existimos en el lengüaje y que todo sistema racional tiene una base emocional nacida del «amar» o la aceptación del otro. Varela planteó la «enacción»: en la que el lengüaje hace emerger un mundo a través de nuestra interacción con el entorno. Naranjo nos invitó al autoconocimiento y la transformación personal, el despetar y la expansión de la consciencia. Flores nos enseña que hablar es actuar y coordinar futuros. Echeverría situó al lengüaje como el espacio donde el ser se crea a sí mismo. Jodorowsky nos advierte que el lengüaje puede ser una cárcel para la subjetividad o una curación para el inconsciente.

El escenario digital presenta riesgos críticos. La viralización hoy prioriza la emoción reactiva (rabia, miedo, asombro) sobre el juicio crítico. Las redes sociales funcionan como cajas de resonancia donde las emociones se contagian antes de ser pensadas. En esta dinámica, un mensaje se valida no por la fuerza de su verdad, sino por su capacidad de ser compartido. La estructura binaria de los algoritmos relacionales (el simple «me gusta» o «no me gusta»)  empuja un proceso de mismidad y otredad, lo que genera polarización, castigando los matices y destruyendo la intimidad necesaria para la reflexión interna. Tenemos un Desafío Ético y Humano, debemos distinguir entre información, conocimiento y sabiduría. El torrente digital nos inunda de información vertiginosa. Pero, el conocimiento requiere tiempo y la sabiduría exige ética.

Estamos ante una mutación cultural. Si el homo digitalis no es consciente de cómo el lengüaje digital configura la realidad y manipula nuestras emociones, corremos el riesgo de perder nuestra autonomía y ser simples habitantes de una red que escasamente controlamos. Es imperativo rescatar la ética y la humanidad en medio del torrente de datos para no dejar de ser, en esencia, seres ontológicos. Chile tiene referentes de talla mundial en biología cultural, ontología del lengüaje y subjetividad, debemos volcar aquello a favor de una con-versación de convergencia, de articulación (HUB), para el desarrollo humano. La invitación es a recuperar una Cultura de Paz y un pensamiento estratégico que nos permita volver a un LENGÜAJE DE UNIDAD. ¡Que así sea!

Carlos Cantero Ojeda

Geógrafo, Máster y Doctor en Sociología.

 

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