Por unas horas, la emoción se apodera de los asistentes y de los protagonistas de arriba del escenario. Entonces, una ovación del público premia la vida vivida al final de la función. Premian la belleza de inventar, de asombrarse y no perder la ilusión.
Eso sucede cada día en la calle Manuel Montt 032.
Hace 17 años atrás, un 6 de agosto de 2009, el Teatro Marconi, el emblemático escenario de Providencia, tuvo una existencia nueva – un parto de creatividad- bajo el emblema del Teatro de las Artes y la enseña de Nescafé, haciendo una apuesta por la condición de despertar, preguntar y alegrar la vida.
Eso que se descubre en la condición humana de la función teatral.

Alfredo Saint-Jean, el Mago de la Bandera, (que desplegó el emblema patrio en la totalidad de la cancha del Estadio Nacional, en el primer día del retorno a la Democracia) junto a su compañera Irene González, hicieron el camino, su andar, en busca del final del arco iris… el teatro, las canciones, el ballet, el humor, la ópera, los conciertos. La fiesta de representar los anhelos de la humanidad. Una propuesta que reuniera a todas las vidas, a todas las artes.
Y armaron un equipo de trabajadores y creadoras a todo sueño.
Y se volvieron todos. Alfredo Teatro, Irene Teatro. Irene Canciones, Alfredo Canciones. Alfredo Compañía de Ballet, Irene Compañía de Ballet. Irene Concierto de Piano, Alfredo Concierto de Piano. Alfredo Humoristas, Irene Humoristas. Irene Ópera de Nueva York, Alfredo Ópera de Nueva York. Alfredo Festival de Boleros y Festival de Fado. Irene Festival de Boleros y Festival de Fado. Y se volvieron todos.
Un espiral de imaginación, talento y, sobre todo, mucho trabajo.
Como si todos se miraran a los espejos de un Chile que se refleja en las Artes, como su mejor condición humana.

Y se volvieron todos. Inventaron una forma de programar que cruzara todos los ríos de la creatividad artística. Todos los talentos, sin restricción ni veto. Así para que los otros teatros los entendieran y se unieran a una fiesta de todos los teatros, a la orquesta de las funciones.
Se llamaron Entusiasmo en primera persona. Cambiaron la apatía y el pequeño comentario por una idea creativa, nueva. El “más de lo mismo” se quedó rezagado en las afueras de la ramplonería.
Entusiasmo para inventar, invitar, entonces, a las mejores funciones de los talentos nacionales e internacionales. Entusiasmo para hacer y participar a una Comunidad de las Artes, que hoy reúne a más de 300 mil personas para alcanzar a ver la función tan esperada.
El Teatro Nescafé de las Artes es un Ministerio de la Creación. Un ejemplo para apostar en las iniciativas de inversión, de arriesgarse la mayoría de las veces, de crear un público para la vida cultural, para la vivencia del amor y la esperanza, de rescatar a los solitarios hinchas de tal o cual línea de conciertos, que tenían que viajar para ver a sus intérpretes favoritos. De traer artistas de todo el mundo. De traer todas las naciones de las artes, de Europa, de América Latina, del Norte y del Sur, del Chile que ríe y canta, de Nuestro Canto. De todo y de todos. Y se volvieron todos.
El Teatro Nescafé de las Artes hizo una apuesta al desarrollo de la industria artística, en alianza con una marca comercial, donde se abrió a una relación en libertad de expresión, sin censura, valorada por su patrocinante y el público. Un ejemplo que debiera considerar el Estado para apostar al desarrollo de las Pymes artísticas en el progreso de una industria cultural.
Un millón de niños y jóvenes
A pesar de su mocedad, el teatro de la calle Manuel Montt, ha tenido el reconocimiento de su audiencia y de los premios de las instituciones ligadas a las Artes, como la Unesco, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, de la Cámara de Comercio, de la Academia de Bellas Artes y de la Sociedad de Derecho de Autor, entre otros.

No obstante, su mejor premio lo recibe todos los días de su público, de su audiencia entusiasta. Particularmente, de los niños y adolescentes que llenan cada domingo el aforo de mil butacas –por todos estos años- en la fiesta teatral que inaugura sus vidas en el resplandor y enamoramiento de las artes escénicas.
El aplauso de más de un millón de niños y adolescentes en estos 17 años es la mayor distinción del Teatro Nescafé de las Artes. Su Premio Nacional. Su Premio Nobel.
Epílogo
El año pasado, cuando Alfredo Saint-Jean cumplió 80 años, escribí un poema –El Mago de la Bandera– que explica a su compañera, Irene, las palabras que definen el valor de la obra que han construido en conjunto por estos 17 años junto a sus trabajadores y artistas: el Teatro Nescafé de las Artes.
Cómo se llama el constructor de teatros / el que escribe la ley para que nunca se baje el telón / el que ordena los asientos a la luz de los ojos / el que apuesta la voz hasta la última butaca /el que escribe la historia de los teatros
cómo se llama el hermano de los Artistas / que les regala alas y tocan el cielo / de vítores y de plateas emocionadas / el inconforme que les enseña a partir a la hora / el aplicado artesano de la función perfecta
…cómo se llama este señor que nos regala los sueños / que nos abre el corazón de los escenarios.














