El mítico Teatro Piccolo de Milán, creado en 1947, inauguró una mirada nueva a la presentación escénica, en la gestación de una intimidad de los protagonistas con su público: el escenario vive entre los espectadores y los comediantes. Así el impacto de sentirse integrado a la propuesta escénica –actores y asistentes a medio metro- creó una forma de “hacer-ver” teatro con los ojos de la innovación, desde aquel entonces. Una distancia mágica de sentir la verdad dramática.
En Chile, hace 25 años, la directora, actriz y maestra teatral, Ingrid Leyton Acosta, se atrevió a cambiar el mundo en una propuesta similar con características propias del Teatro Chileno de la más alta calidad y creatividad. Junto con su familia levantaron una casa derrumbada en el barrio patrimonial de Concha y Toro, con domicilio en Erasmo Escala 2185, a un par de cuadras del Metro República.
En aquel entonces, estrenó una creación colectiva con egresados y exalumnos del Teatro Imagen «Para tu Ausencia« bajo la dirección de Leyton.
Y tuvieron la grandeza de levantar el Teatro de Bolsillo. Grande.
Un abordaje donde todos quieren y pueden ser actrices y actores, dramaturgos y magos. En un país donde las Escuelas de Teatro multiplicaron las matrículas y la población de profesionales se reproduce por miles de protagonistas, creándose una situación inédita y ansiosa de teatristas en busca de autor y de escenarios. Impensado, cuando se crearon los teatros universitarios hace 85 años atrás.
La pasión aprendida de Leyton tuvo residencia originaria en la Escuela-Teatro Imagen, encabezada por Gustavo Meza, Premio Nacional de las Artes Escénicas, donde aprendió las secretas claves de la profesión de actriz, de dirigir una obra teatral y hacer clases. Una academia del más alto nivel de los comediantes, que inspiró el salto a proponer, a soñar, un escenario que abriera las ventanas a los nuevos aires.
Y así el Teatro de Bolsillo irrumpió fundando una nueva mirada que tuvo la inspiración de la maestría de Meza. En los comienzos, tuvo también el apoyo y participación de Juan Radrigán, e incluso, de Patricio Bunster, donde se escribieron las nuevas actas de las artes de la representación al más alto nivel… Sin necesitar una ticketera para entrar a una función.
El Teatro de Bolsillo creció en su estatura de grande, abriendo su escenario a las nuevas generaciones de dramaturgos y comediantes, y también a los protagonistas históricos, que se vieron desafiados a hacer teatro a media mirada de distancia.
Así su escenario iluminó -y sigue iluminando- a centenares de propuestas de dramaturgos locales e internacionales, dándole una dignidad a la medida de los grandes teatros. Creó un espacio al notable vicio de actuar la vida. Un escenario justo al frente de cada uno, que necesita sentido, pertenencia y coherencia narrativa en la búsqueda eterna de “la verdad teatral”.
El Teatro de la calle Erasmo Escala enseñó, desde sus puestas en escena, el valor de la condición humana como virtud teatral.
El arte dramático, que se ha montado en estos cinco lustros, denota un trabajo sostenido con vocación de servicio, dispuesto, incluso, al sacrificio personal. Sus obras estrenadas dan cuenta de la verdad encontrada en una sala de actuación…a tiro de un susurro de la voz hablada.

Sus obras presentadas dan cuenta de su búsqueda de la verdad y están marcadas por el viejo hacer de preguntar. El pensamiento crítico pareciera ser parte de su declaración de principios, de pensar la vida. “De honrar la vida”, como lo dice la canción.
El Teatro de Bolsillo es parte esencial del trabajo inmaterial que genera conocimiento, creatividad, información y relaciones humanas.
Su trascendencia debiera entenderse como un elemento central en la producción social y económica del país. Es una fuente de riquezas que convoca la innovación, obra tras obra, a la comunicación como verbo de la humanidad y, por cierto, lo más importante, crea un incentivo para el desarrollo de ella misma: la capacidad creadora colectiva del ser humano.
En términos económicos, el Teatro de Bolsillo es una Pyme que ha tenido que levantarse desde el talento y el esfuerzo en la búsqueda infinita del aplauso de los asistentes como premio mayor. Un espacio de las Artes que ha estado olvidado en los planes políticos de los ministerios de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, en todos los gobiernos. Todas las compañías que sustentan espacios físicos –teatros, le dicen- y que inventan temporadas, una tras otra, tienen como meta la búsqueda de la obra mayor en el encantamiento de vivir.
Centenares de Estrenos

Aquí los espectadores, sentados en pleno escenario, la vida tiene miles de escenas. Amores y desamores. Héroes y villanos. Voces que se quedan en la memoria de los asistentes. Resplandores y apagones. El aplauso como el abrazo a la actuación lograda y el aplauso de la gratitud encontrada.
Así cada semana, por todos estos años, el Grande Teatro de Bolsillo.
Así centenares de actrices y actores, directoras y directores, llenan el imaginario de obras que la memoria recuerda en momentos, en escenas que impresionaron a cada espectador del Grande Teatro de Bolsillo.
Se cruzan entre luces “Bogart, Bergman y las Mellizas Escala”, escrita y dirigida por Gustavo Meza… “Bajo la Lluvia”, de Paula Parra (guionista actual de teleseries desde España), con actuaciones rutilantes de Sígrid Alegría, Andrés Velasco, entre otros… “Xibalba” de Natalia Cuellar, Compañía Ruta de La Memoria Butho… “Academias y Subterráneos”, basada en la novela de Guillermo Teiller… “La Torre”, bajo la dirección de Sthefie Bastías, obra de jóvenes chicas que comenzaron hace años en el Teatro de Bolsillo y ahora están en diferentes salas…
Grandes estrenos. Muchos aplausos atesorados…
La icónica “Biología del amor”, adaptada del libro de Humberto Maturana, dirigida por Ingrid Leyton, con actuaciones rutilantes de Nono Hidalgo, María Eugenia Molina, entre otros…ha sido reconocida por el propio Maturana, quien la aplaudió desde la primera fila. “No pudieron decirlo mejor”, contaba… “La Máquina de Abrazar” de José Sanchis Sinistra con las actuaciones de Leonor Landauro y Constanza Jiménez… “Toda la Vida”, creación y dirección de Christian González, Compañía La Nona… “Mujeres de Arena” de Humberto Robles… “Miradas Lastimeras no quiero” de Flavia Radrigán…“Bernarda”, puesta en escena de la histórica Casa de Bernarda Alba de García Lorca, con una mirada propia y audaz…

Hasta hoy… En el día que aparece esta columna, este 16 de julio, el estreno de “Ignorancia Artificial”, con funciones que alcanzarán hasta fin de mes. Imaginando la vida a un metro de actrices y actores. Al alcance de la buena actuación, a la magia teatral.
“Consagrados desde un comienzo como lugares de identidad y manifestación de rituales cívicos, religiosos o artísticos, –señala Alfredo Saint-Jean en sus libros “Teatros de Chile”- los teatros han caminado de la mano de la transformación de las ciudades y los cambios sociales, políticos económicos y culturales en las sociedades que los acogen… El teatro es, junto con el cine, uno de los acontecimientos culturales más importantes en el desarrollo de la sociedad chilena durante el siglo XX, en particular porque a través de su dramaturgia refleja como pocos las transformaciones experimentadas en el país.”
Y de eso se trata la vastedad de la obra realizada por el Teatro de Bolsillo con su infatigable y talentosa directora y actriz Ingrid Leyton.
Una gran historia de estrenos del Teatro del Mundo. De sus primeros 25 años de imaginar y crear. De su grandeza.
Desde 2024, el Teatro de Bolsillo forma parte de la Red de Salas de Teatro de Chile, lo que consolida su trayectoria, visibiliza su trabajo y lo integra a un circuito nacional de espacios escénicos con programación permanente, compromiso con la creación contemporánea y un fuerte vínculo con sus comunidades.














