El reciente estreno del “Evangelio según San Jaime (Según la Dramática)”, del dramaturgo Jaime Silva, por la Compañía Dramática Nacional, marcará la agenda del teatro chileno por estos días por su excelencia en la puesta en escena y por su irreverencia vital vigente. Se trata de una obra que marcará el destino de esta cofradía teatral: en un antes y un después.  Su luminosa presentación la señala como una compañía consagrada en las ligas mayores.

“El Evangelio –escribía Jaime Silva en su estreno en 1969- está ahora con ustedes; lo malo que en él se encuentren no es artimaña del demonio sino pecado del evangelista; y lo bueno, si es que lo hay, es “recado” (como diría nuestra vieja Gabriela) que he recibido de mi tierra y de mi pueblo.”

Y tiene razón, porque su vigencia –y hallazgo de la Dramática Nacional- muestra que la realidad de Chile todavía tiene cuentas pendientes. Lo inmediatamente valioso de este estreno es su propuesta propia, sin arriesgar una versión distorsionada y menor. Al contrario, se trata de una talentosa muestra de la obra original con aires de las mismas realidades en el Chile de ayer,  que siguen vigentes en los años que corren.

Quienes asistimos al Teatro Antonio Varas en 1969, con el montaje extraordinario del Detuch, bajo la brillante dirección de Pedro Orthus y un elenco de campanillas, en aquel entonces, damos fe de que el espíritu y el sentido teatral han sido conservados en la caja mágica de la muestra de la Dramática Nacional. Y lo digo en plural, por el asistimiento que compartió conmigo, en el día de la primera función,  Ana María López, protagonista histórica de la Compañía El Riel, que tuvo el mismo privilegio de asistir a ambos estrenos.

La dramaturgia de la versión 2026 enseña, con profundo respeto, la línea creativa y de contenidos de la curatoría original. Incluso, se podría aseverar,  que la vigencia existe –revive- con renovados ingredientes dramáticos que mantienen vigente el espíritu de Silva. La irreverencia , el humor y el agudo examen social, mantienen su picor y gracia originales. Con las mismas virtudes y aportes propios.

“El Evangelio según San Jaime (Según la Dramática)” es una puesta en escena única de los montajes teatrales en la cartelera actual chilena. Participa un elenco con 22 intérpretes que dan vida a 68 personajes. Con una dirección artística única – ¡Brillantes! las tres directoras-  con Nelda Muray, Carola Rebolledo y Carolina Araya, en una línea de tiempo de manera creativa, lúdica y continua.  Perfecta, tanto así que la hora y 45 minutos de su duración, pasan volando sin sacrificar el sentido dramático de la trama y su inevitable reír.

Una puesta en escena con estas dimensiones no habría sido posible sin el financiamiento de Fondo Artes Escénicas 2026 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

Grandes actuaciones de un gran elenco

El secreto del buen teatro seguirá por siempre en la Ley de la Credibilidad que generan o no las actrices y los actores en el escenario. El público se involucra o, simplemente, se queda callado. En este caso, los asistentes  no dejan de manifestarse en el devenir de la trama bíblica por todos conocida. La audiencia, constantemente, se sorprende y acompaña con la hilaridad a la trama.

Decir quiénes lo hicieron mejor sería una injusticia. Uno ve un elenco que marcha como reloj. Experimentados teatristas y nóveles intérpretes llenan el escenario con un buen decir, en un tempo que le da la potencia y la sorpresa al entretenimiento de la historia conocida. No fallan y crean una atmósfera precisa.

Un aplauso para la compañía, para las magas y nigromantes que transforman el escenario en una maravillosa historia que se agradece.

Hernán Vallejo, Braulio Martínez, Roberto Vallejos Cox, Carola Rebolledo González, Leonardo De Luca, Nelda Muray Prado, Carolina Araya Lucero, César Ramírez, Alejandra Pérez, Francisco Cuevas, Nicolás Camus, Karen Wilson, Camilo Leiva, Laura Hernández, Bruno Chelsi, Alexandra Cavieres, Javier Carrasco, Pablo Garcés, Cristián Hidalgo, Pedro Orellana y Pablo San Martín.

El uso de la Inteligencia Artificial para los efectos audiovisuales le dan una vigencia que se valora y decora con dignidad y belleza el escenario. La música juega un papel de gran artificio en el hilar y éxitos dramáticos. El vestuario es creativo, vistoso y original. Todo muy bien.

El desenlace es la fiesta final. Esta vez el teatro chileno nos regala la gracia del humor y la humanidad, que nos interroga desde el escenario. La divinidad popular, campesina, nos retrata en la espiritualidad cercana, en el sentir y el espíritu de un pueblo que sale a escena.

El Teatro y la apuesta de la Compañía Dramática Nacional nos acercan cada vez más a la excelencia del arte dramático que abre sus cortinas en un centenar de teatros en todo el país.

El Evangelio según las Santas  Doña Muerte, Vecina y María Magdalena corresponde a los tres roles que protagonizan, brillantemente, las dramaturgas que dirigen a la Compañía Dramática Nacional: Carola Arredondo, Carolina Araya y Nelda Muray.

Imperdible.

Solo quedan, por ahora, funciones hasta el 15 de agosto, en el Teatro Sidarte, Ernesto Pinto Lagarrigue 131, Barrio Bellavista, Recoleta.

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