“Al revés y al Derecho / la copia feliz del edén / de cartón y de plástico / de mentira y olvido / el baluarte del Señor / el país se vino abajo / se vino de fuego / invisibles uno a uno se vieron”

Egon Wolf escribió “Los Invasores” en 1963 y la obra se estrenó en ese mismo año con la dirección de Víctor Jara, quien era señalado, en ese entonces, como el mejor director teatral chileno. Su estreno se hizo en el escenario mítico del Antonio Varas del Teatro del Instituto de la Universidad de Chile, ITUCH, hoy, Teatro Nacional Chileno.

Su estreno, en ese año, previo a las elecciones presidenciales, causó revuelo. Hoy la historia se repite y causa el mismo revuelo. En el mismo teatro. Con el mismo alero universitario. Con el mismo talento en la interpretación, dirección y puesta en escena.

Lo digo como testigo presencial en las dos funciones: la del 1963 y la del 2026. Lo juro.

Bajo el talento de su dramaturgo, –hoy reconocido con el Premio Nacional- Los Invasores ejercen su habilidad dramática en  “el arte de la partería”, en una suerte de Mayeútica Wolfiana  de dar a luz las ideas, de representar el arte de la interrogación, en la pedagogía de enseñar a pensar.

Eso que llaman “la búsqueda de la verdad”. Esa antigua provocación que lleva en su adn el Teatro desde el drama griego, varios siglos atrás. Esa interpelación, que parte con fingir la ignorancia en la búsqueda de las definiciones. Donde los invadidos son desnudados en la oscuridad de la noche. Donde no pueden borrar las afrentas que llevan grabadas en la frente: la ignorancia, la mentira y la codicia.

“los estudiantes invisibles volaban / por sobre los torniquetes del Metro / las dueñas de casa invisibles / tocaban cacerolas invisibles / marchaban los abuelos invisibles / los trabajadores invisibles paraban las fábricas / todos cantaban el puro Chile invisible”.

63 años después

Entonces, China se llama Tennyson Ferrada.  Hoy, Gabriel Cañas. Entonces, Pietá es María Cánepa. Hoy, Paulina Urrutia. Entonces, Lucas Meyer es Héctor Maglio. Hoy, Jaime Mc Manus. No lo puedo evitar, comparar. Entonces, Tole-Tole es Bélgica Castro. Hoy, Nicole Vial. Así, los personajes se toman el escenario. Lo invaden y la historia comienza de nuevo. Para la mayoría es la primera vez. Lo invaden las actrices Marcela Adriana, Francisca Suárez y Almendra Báez. Y en el hijo se reconoce a Gabriel Bastías.

(¡Grandes actuaciones!)

Los Invasores del siglo XXI tienen vida propia, llenos del don de ser ricos y el don de la impaciencia de los del otro lado del río. Mejores. Tan vivos. Tan muertos. Tan desaparecidos. Tan presentes.

Lo dicho entonces, hoy vuelve a suceder. Las voces magistrales de hoy arriba del escenario llevan la batuta y el talento de Marcelo Leonart, en un réquiem al sistema, “ahí donde llega todo / y donde todo comienza /canto que ha sido valiente / siempre será canción nueva.” Donde Víctor sigue vivo también y se llama Marcelo.

Y no es un déja vu. Al contrario, es el futuro. No se sabe a cien a ciertas si la crueldad de Antonín Artaud se filtra en las bambalinas o se toma el terreno el viejo Brecht con su teatro pedagógico. Es la mano de Marcelo  Leonart que abre el camino con voz propia, que se hilvana con la gracia de Kristian Orellana, encargado de la atmósfera; o de los harapos y joyas de Gabriela Torrejón con que ilumina a sus intérpretes. O el suspenso del aire de Dante Leonart. Algo tiene que haber influido, por cierto, la mano artera teatral de Catalina Rozas.

el desgobierno invisible / declaraba la guerra a los invisibles / cómplice de la locura / veía a los saqueadores visibles robar / ante el miedo de policías invisibles

El escenario del Varas es un espejo del país. Donde algunos apenas intentan a asomarse. “Los del otro lado del río” estallan en toda la ciudad y en la casa de los Meyer. Es el retrato del estallido latente de la sociedad chilena en su aporía racional, en la que el pensamiento entra en un callejón sin salida. Todo se  paraliza en los lindes de la razón humana al enfrentarse a premisas válidas pero mutuamente excluyentes.

El autor, en los sesenta, fue discriminado incluso, por algunos de sus propios cercanos que le quitaron el saludo. Hoy recibe el aplauso entusiasta de todas las plateas de la temporada del Teatro Nacional Chileno. “Los Invasores” de Egon Wolf  es un estallido social que viene a remecer la cartelera teatral chilena.

el pueblo se armaba de sueños / los invisibles despertaban / y las mujeres se tomaban la utopía / todas las plazas / se llamaban dignidad /

y las cantantes invisibles/ iluminaban la vida desde los balcones /

puro Chile invisible / es tu cielo azulado invisible / los invisibles descubrían a los invisibles/ en vientos de revuelta /

de bandera de estallido social.

(Poema La Bandera del estallido social de la “Poética de las Lágrimas de la Estrella”, del poemario inspirado en la obra de la artista plástica Soledad Neira)

La primera temporada de “Los Invasores” estará todo el mes de junio, de miércoles a sábado, en el Teatro Nacional Chileno de la Universidad de Chile, Sala Antonio Varas, Morandé 25.

 

Imágenes de FELIPE POGA.

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