(Puya editora) inicia con este título una etapa dedicada a construir un catálogo diverso, con la intención de reunir voces consolidadas y nuevas escrituras desde distintos territorios. Su cadáver avanza hacia el mar es el segundo libro de este sello, después de Medea me cantó un corrido, de Dahlia de la Cerda.
Escritor, traductor, editor y gestor cultural, Galo Ghigliotto (Valdivia, 1977) ha desarrollado una obra que transita por la poesía, la narrativa y la traducción. Autor de libros como Matar al Mandinga, El museo de la bruma y A cada rato el fin del mundo, en este nuevo volumen vuelve al cuento para explorar aquello que permanece después de la desaparición: los rastros de quienes ya no están, los recuerdos que persisten y los relatos que intentan darle una forma al absurdo de existir.
En esta conversación, Ghigliotto habla sobre las razones que lo llevaron a publicar estos cuentos ahora, el proceso de selección junto a la editora Katherine Hoch y la heterogeneidad de un libro que reúne textos escritos en distintas etapas. También reflexiona sobre la presencia de la muerte en su escritura, el lugar del humor negro como una forma de enfrentar el absurdo y la expectativa de que los lectores encuentren en estas historias una experiencia que los invite a seguir explorando su obra.
¿Por qué decidiste publicar estos cuentos ahora?
-Decidí publicar estos cuentos por muchas razones. En primer lugar, el más antiguo de ellos fue escrito en 2010, y sentí que era un material que ya tenía que salir a la luz. Esto fue impulsado también por la creación de un nuevo sello editorial, (Puya editora), en el que publicamos como primer título Medea me cantó un corrido, de Dahlia de la Cerda.
Con el fin de que con la nueva editorial no apareciera solo ese título, y pensando que tenía estos cuentos, me pareció pertinente darlos a conocer. Además, confiaba en el criterio de Katherine como editora y en su convicción de que se podía crear un libro compilatorio a partir de ambos conjuntos de relatos, aunque tuvieran estilos tan diversos.
¿Hay algún cuento de este libro al que le tengas un cariño especial o que sientas especialmente representativo del conjunto?
-Creo que siento cariño por todos los cuentos. Aunque el cliché de publicar un libro y decir que el libro es como un hijo, cosa que he escuchado tantas veces, me parece una aberración, sí puedo comparar la forma en que uno quiere a los hijos. En mi caso tengo tres hijos, y a todos los amo porque son mis hijos, básicamente, pero además por sus características particulares. Admiro diferentes cosas de ellos.
Con los cuentos también me pasa algo parecido. Al ser tan diferentes entre sí, aunque siento que comparten un universo común —la muerte, el dolor, el absurdo, la ausencia—, les tengo cariño por razones distintas.
A Prontuarios de un cuerpo, por ejemplo, le tengo mucho cariño porque generó una situación muy especial con un premio literario. A Norma, porque fue publicado en una revista con una ilustración de mi pareja, Antonia Lara. A Propiedad en venta…, porque es el cuento más reciente y de algún modo el más autobiográfico, aunque no pareciera estar hablando de una persona. En el caso de Mi novia no tenía vagina, hay una influencia emariana, de Juan Emar, muy fuerte, y en cierto modo lo veo como un homenaje a ese escritor.
Y, en fin, también está Su cadáver avanza hacia el mar, porque me parece un título potente y porque abre la posibilidad de que la vida no se acabe con la muerte, y de que finalmente la muerte sea solo un paso hacia una transformación material y espiritual que permite alimentar nuevas vidas.
Después de reunir estos textos, ¿qué crees que revelan sobre los temas que han acompañado tu escritura a lo largo de los años?
-Con este libro me queda claro que hay una inclinación hacia el horror, el terror, la memoria, un cierto anhelo de justicia, aunque sea a través de la burla, y por supuesto, la muerte.
Para quienes aún no conocen tu obra, ¿qué encontrarán en este libro?
-En este libro van a encontrar una muestra de escritura, más que otra cosa. Una exposición de cuáles son los temas que me interesan, de la forma en que me interesa abordarlos, y sobre todo una heterogeneidad que siempre he deseado, pero que al mismo tiempo he temido.
De chico tenía el sueño de armar una banda que grabara un disco con temas de reggae, rock pesado, pop, techno y folclore, pero siempre he tenido claro que lo inclasificable es incómodo para cierta crítica y para ciertos lectores. Aquí creo que me atreví un poco, mínimamente, tímidamente, incluso cobardemente, a rozar esa heterogeneidad.
¿Qué te gustaría que quedara en los lectores después de terminar el libro?
-Creo que me gustaría que quedara interés por leer más, por buscar otras cosas que he escrito. Nada más que eso.
A veces los libros, los poemas de un libro o los cuentos de un libro toman vida propia. Antes hacías la pregunta de cuáles eran mis favoritos, y la verdad es que uno a veces elige un cuento o un poema que le gusta y lo considera el mejor, pero luego las personas que te comentan el libro te hablan de otro. Me ha pasado terminar queriendo más un poema que los otros, aunque haya sido un poema que escribí un poco de relleno.
Así que eso: espero sobre todo que lo disfruten, que lo pasen bien leyéndolo, que se emocionen, sufran, se rían. Como en el cine, cuando uno enfrenta una película que es más bien una experiencia, no la olvida, la recomienda y le produce interés por conocer más de la obra de su director.














