Permítanme el siguiente comentario y las dudas que acarrea. Yo no estoy sorprendido (o impactado, como se dice ahora), por la manera en que la televisión chilena (sus cuatro canales llamados “grandes”, al unísono) están mostrando todo lo que rodea al accidente fatal del ex presidente Piñera. El caso es tristísimo, noticioso a rabiar y merece la más amplia cobertura. Pero hay límites, porque la vida continúa y en algún momento del día hay que hablar de ella, más aún si hay otros hechos tremendamente desgarradores.

Si bien lo sucedido es dramático hasta su máxima expresión, también las víctimas del incendio en Valparaíso merecen no solamente honrar a sus deudos sino que la ciudadanía toda les preste atención. Los damnificados de la Quinta Región también están impresionados por la muerte del ex presidente pero, al revés, quienes van siguiendo paso a paso y repetidamente las consecuencias de lo acontecido en el lago Ranco han ido, desde que se supo la caída del helicóptero, dejando al incendio del puerto en un inmerecido segundo plano.

¿Resucitaron los 130 calcinados? ¿Se reconstruyeron por encanto poblaciones enteras? Esta tarde de miércoles 7 de febrero, a 24 horas del interrumpido paseo aéreo sobre un lago del sur, sólo hay un fallecido importante. Eso, humanamente, no puede ser. Ý hay algo más que, a mi juicio, sencillamente no corresponde. Se trata de que la Asociación Nacional de Televisión de Chile ( Anatel), entidad que reúne  a los canales de televisión de señal abierta con cobertura nacional,  canceló el evento solidario por los incendios en la Región de Valparaíso, que iba a desarrollarse el próximo sábado en el Movistar Arena. Se indicó que la decisión es “por razones ajenas a nuestra voluntad, en el contexto de duelo nacional y la cobertura dedicada a los distintos homenajes de Estado…”.

Cabe mencionar que los tres días de duelo decretados por el Gobierno, en todo caso, cubren hasta el próximo viernes.

Lo anterior, sin embargo, no le importa al rating, aquella venenosa pugna de medios ansiosos por ganar televidentes. Nosotros. Usted. Aquello que nos detiene frente al aparato horas y horas cuando algo conmovedor aparece, sin que haya una noticia que marque la diferencia. Horas de horas, dándole vueltas de un lado y otro a lo mismo cuando aquel importante acontecimiento cae aprisionado en las redes de los calculistas de imagen.

Está bien que el país se muestre conmocionado, pero hay formas y formas. Como muy bien señala mi colega Fernando Reyes Matta, “los tiempos en los grandes acontecimientos mayores en un país son de dos ámbitos. Uno es aquel donde se remarca lo esencia, siempre con lo positivo que queda tras el que se va. Otro, el tiempo del análisis de su devenir, con sus errores, sus faltas, sus luces y sombras. Aquello que la historia hace cuando es historia seria. Hoy – recalca Reyes Matta- estamos en el tiempo de lo inmediato, la circunstancia de la partida”

Nunca ha sido distinto, la historia vendrá luego para dar cuenta de todo lo que hizo y cómo lo hizo el accidentado del lago Ranco. Será después, si llega a ocurrir, cuando se recuerde que Sebastián Piñera fue acusado de amasar su fortuna con la mancha de fraudes, instalación de empresas dudosas, uso de información privilegiada y otras fórmulas que, desafortunadamente crecen como enredaderas en la modernidad del mundo. Todavía tampoco es tiempo de recordar que terminó su segundo mandato con menos de un siete por ciento de aprobación.

De regreso a los miles de damnificados por los incendios en el puerto principal, debemos gritar que merecen atención, no sólo de las autoridades (que la tienen) sino de los medios (que han dejado de tenerla). ¿Seguirá como una tragedia olvidada? Que la vida, y en este caso la muerte, haya cambiado la agenda es algo atroz, pero real.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here