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La Princesa Panchita: ¡Honor y Gloria al Teatro Familiar! / Felipe De la Parra Vial

Hacer Teatro Familiar es un desafío en la vida actual. Las presentes generaciones de niños y niñas se desarrollan en el mundo de la inmediatez, del lenguaje digital por sobre del valor presencial; donde la inteligencia artificial hace todo fácil, con poca importancia del valor de la vida vivida. Las artes y lo cotidiano, en algunos casos, han elegido por lo desechable. Por lo fácil. Donde se ha instalado una nueva lectura del lenguaje que prioriza la forma, relegando los contenidos a la penumbra de las luces. A la estrechez de corazón, como cantaban Los Prisioneros.

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Hacer Teatro Familiar es un desafío en la vida actual. Las presentes generaciones de niños y niñas se desarrollan en el mundo de la inmediatez,  del lenguaje digital por sobre del valor presencial; donde la inteligencia artificial  hace todo fácil, con poca importancia del valor de la vida vivida. Las artes y lo cotidiano, en algunos casos,  han elegido por lo desechable. Por lo fácil. Donde se ha instalado una nueva lectura del lenguaje que prioriza la forma, relegando los contenidos a la penumbra de las luces.  A la estrechez de corazón, como cantaban Los Prisioneros.

Sin embargo, la mítica frase de Galileo Galilei «Eppur si muove» («Y sin embargo, se mueve») tiene sentido en la actualidad. El Teatro se reinventa y se rejuvenece. Le da una vuelta a la tuerca en un ejercicio recurrente en la dramaturgia. Siempre hay una nueva manera de subirse al escenario, contar la misma historia y hacerla como propia, aunque pasen los años, sin rendirse al efectismo fácil y liviano. O a la copia gastada. El desafío es hacerla como si fuera su primer estreno. Bien dicha y bien actuada. Original, propia y atractiva.

Eso pasa con la obra montada recientemente por la Carrera de Actuación del Instituto Duoc UC,   “La Princesa Panchita” de Jaime Silva con música de Luis Advis.

Su estreno, sesenta y ocho años después,  confirma –sorprende- el talento y la creatividad originales para hacerla nueva y atractiva.

La versión 2026 es de una gran valía y se destaca por su  nueva mirada y su respeto a su concepción original.

La visión y conducción de su directora, Carola Rebolledo, es brillante. Su mano teatral abre un espacio propio a la belleza escénica, donde no tan solo se respeta el origen de las autorías dramática y musical, sino que asombra en su vigencia interpretativa. En los aportes modernos y sin rendirse al efectismo. Es una puesta en escena de manera nueva y creativa. Como resulta ser con los clásicos cuando son tratados desde el talento.

La propuesta de la Princesa Panchita, del Teatro Duoc UC, resulta cercano y virtuoso. Lo digo con la autoridad de los años y de haber presenciado su estreno original, de niño, en el Teatro Antonio Varas. Testigo es mi primo, -que fuimos a verla juntos con mi madre- el destacado dramaturgo Marco Antonio De la Parra, quién se encantó –se enamoró del teatro- en el estreno de la obra de Silva y Advis.

La norma exigida es la emoción y esta obra se articula desde la comedia, en enredos sociales de príncipes y pueblos, de reyes y campesinos. Como son los cuentos infantiles que imaginamos para los niños y niñas de Chile. Con la maravillosa magia de la realidad. Se ríe y se imagina. Se piensa y se siente en la piel. Se emociona de verdad. Eso tiene esta Panchita de Rebolledo.

La dirección de la obra tiene, por cierto, la fuerza colectiva de talentos y creativos en las distintas áreas de la obra. Cada uno en lo suyo hacen una magnífica labor. Genial.

Una nota importante: las actuaciones. Su decir ágil y entonado, hacen de cada uno de los protagonistas sean reconocidos en la construcción de los personajes. Su perfomance hace que la audiencia de los niños y niñas sea fluida y , por sobre todo, creíble. Sin duda, el público joven agradece con el aplauso y la avidez, sentada al borde de las butacas. La comunicación se concreta a cada minuto de la función en la cercanía que logran en la atención y, a veces, en un silencio conmovedor de cada espectador. Destacan todas y todos. Es una compañía de grandes protagonistas.

Elenco: Carolina Araya (Chepa) Vittorio Yaconi (Carmelo) Marcela Paz Silva (Pancha), Alexis Espinoza (Pancho) Camila Ríos (Carmela) Franco Rubio (Carmelito) Javiera Caro (Panchita) Bruno Chelsi (Juan) Pablo Garcés (Músico y Príncipe Rudo), Javier Carrasco (Músico y Príncipe Azul) .

El vestuario y la escenografía, el  Diseño integral de Catalina Espinoza crea con ingenio la atmósfera de un cuento mágico y real. Su vestuario nos recuerda el libro de “Alicia en el país de las maravillas”, atrevido y multicolor. La escenografía es inteligente, móvil y especial para adecuarse a las distintas “bocas” de los distintos escenarios.

El desafío de la música es importante. Las canciones originales de Luis Advis, recuerdan su sello creativo, los cuales son recreados por talentos de Cuti Aste, de Camilo Leiva y Marcela Paz Silva, que dejan entrar los aires del nuevo milenio, respetando la partitura original y logrando un fiato en el canto cercano a la audiencia.

Un acertado aporte es la coreografía de Mona Guerrero, que marca la escena en ágil respuesta, para marcar adecuadamente el tempo, clave en el ritmo de  la obra. Y la modernidad, por su parte, la imprime el trabajo en animaciones de Rocío Jovenich. Gran aporte.

Y un brindis para aquellos mueven los hilos que todo-todo salga bien: la mediación de Gabriela Catalán y la producción general de David Gajardo.

 

El resultado de la obra se constata cuando baja el telón. El teatro explota en gratitud. Los niños aplauden a reír. Y gritan. Los adultos, abuelos, tíos, padres y madres lo hacen de pie. Lo siguen los niños en una fiesta de alegría a la historia bien contada, entretenida y soñada.

La obra teatral “La Princesa Panchita” de Jaime Silva con música de Luis Advis sucede por obra y gracia de los Fondos de los Teatros Universitarios, otorgados por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Esto ha permitido llevar el teatro a los territorios, que permiten su acceso gratuito a la familia chilena a una sala teatral. La experiencia en las comunas de Valparaíso, Tiltil, El Bosque, Paine, La Granja, La Pintana y por estos días en Recoleta, cierran un ciclo virtuoso para el teatro chileno. Y privilegiado para el Teatro Familiar. Un fondo que debería repetirse en el nuevo presupuesto del Mincap.

La fortuna de los habitantes de las comunas mencionadas, sin duda, soñaron esa noche con la fantasía de Silva-Rebolledo-Advis.

Por ahora, esta obra no debiera perderse en la cartelera teatral. Se trata de un trabajo profesional, de gran estatura intelectual y creativo, no debiera quedar reducido a este contrato. Sería una lamentable pérdida para el teatro chileno. Su puesta en escena requiere, al menos, de una nueva temporada para las familias chilenas.

El buen teatro hizo lo suyo: amar la dramaturgia y ser parte de la ternura y belleza de la vida.

FELIPE DE LA PARRA VIAL

Fotos: Felipe Garay.

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